Intento dejar de vivir;cada una de esas muchas horas vacías de que está hecha la noche quiero no existir pero ella se empeña en mantenerme como compañero de su solitario viaje a través del movimiento prógrado. La niebla del río trae el sonido de las campanas del paso a nivel. Es el único momento en el que me alegro de seguir consciente. Espero que venga esta noche, que también venga esta noche y poder así los dos traicionarla, dejarla sola con su silencio hasta el alba. Después de las campanas, los minutos empiezan a engordar segundos. Ya debería estar aquí. Vuelvo a querer morir un rato más pero oigo ruido de llaves en la puerta. Es él, seguro que es él. Descalzo y desnudo bajo a tientas las escaleras. La noche ha vuelto a burlarse de mí. Tampoco hoy ha venido.